Paul MOYNE
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El tiempo y las duraciones ... Version imprimable Suggérer par mail
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Consideremos el momento presente, este instante que no tiene duración porque tan pronto que intentamos "cogerlo", ya es pasado :
" .... El instante parece designar algo como el punto de partida de un cambio en una dirección o en otra. En efecto, por cierto, no esta a partir del descanso todavía en descanso que se hace el cambio ; no esta también a partir del movimiento todavía en movimiento que se hace el cambio ; pero el instante que no podemos situar, esta no obstante situado entre el movimiento y el descanso, porque no se encuentra en un lapso del tiempo." (cf. Platón- Parménides - 156e).

Expresado de otro modo, el instante aparece como un "momento present" paradójicamente que separa y une el "tiempo pasado" y el "tiempo futuro" con la propiedad de ser siempre lo mismo en su naturaleza y su significación.
Por ejemplo, los seres utilizan el mismo momento presente del nacimiento a la muerte.

El instante presente permite pues, de dividir las actualizaciones (materializaciones) del tiempo, pero, el, no es divisible.

Un otro hecho notable,
los instantes no son afectados por la coacción inexorable de la relatividad, y, no pueden estar juntos para formar lapsos del tiempo ya que no tienen duración (si no, en ellos se mezclarían pasado y futuro).
Para esto, el instante es una referencia absoluta.

Así, el análisis del tiempo por san Agustin nos aparece muy pertinente :
"Lo que sí digo sin vacilación es que sé que si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es él y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad. Si, pues, el presente, para ser tiempo es necesario que pase a ser pretérito, ¿cómo decimos que existe éste, cuya causa o razón de ser está en dejar de ser, de tal modo que no podemos decir con verdad que existe el tiempo sino en cuanto tiende a no ser ?" (cf. Confesiones - Libro XI, 14).

Sí, no cabe duda, el momento presente, el instante representativo de la eternidad, esta omnipresente en todo ser, ipso facto, en todo estado de la realidad.

Por ejemplo,
tenemos conciencia de transformarnos constantemente en curso del existencia aunque nuestro yo (ego, sujeto, espíritu) es invariable,
y nuestro yo capaz de transcender nuestro cuerpo (nuestra identidad física), de desplazarse en el espacio y de utilizar el tiempo, debe juzgar en el momento presente, su unica absoluta referencia.

Tantos hechos que incitan a postular el realismo (existencia) de un dominio (un campo) intemporal que es el reino de nuestra identidad espiritual, el reino del alma.

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