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Para concluir,
tener edad (datar), ser en una historia, participar en una dinámica (de los seres o de la materia), presupone la utilización de referencias temporales,
referencias que permiten apreciar de misteriosos intervalos que no son del espacio : las duraciones,
referencias a la discreción de una entidad creadora, maestro del tiempo, a la vez distante de los fenómenos para juzgarlos e implicada en ellos para actuar.
Estamos, así, muy alejados de la comprensión común del tiempo y cuánto parece obsoleta el aserción de Nietzsche :
" ¡ El tiempo es una absurdidad ; sólo hay tiempo para un ser que vive ! " (cf. El Libro del filósofo, estudios teóricos).
En una búsqueda de las causas primordiales dejemos pues, de especular con la huida del tiempo, con la flecha del tiempo y también con el cono del tiempo.
No podemos tener una buena comprensión de la dinámica universal, sin que el tiempo hubiera sido reconocido como una potencialidad, ipso facto de orden trascendente,
una potencialidad asociada con la realidad (implicada en la realidad) como las fuerzas universales.
Además, para que en todo ser, el futuro sea anticipado de manera coherente, conviene obligatoriamente que "situaciones" pasadas y presentes, sean, sin cesar, elaboradas, juzgadas y reactualizadas en un mismo dominio intemporal.
¿ Que podemos decir de este lugar misterioso ?,
de este dominio del abstracción que es diferente del espacio,
de este "más allá" de la realidad que es el reino de la vida espiritual y de la eternidad.
Unos cuatro siglos antes de nuestra era, Platón ya había presentido un más allá del mundo :
"Pero una cosa está segura en todo caso, es que las Formas no se encuentran en nosotros y no pueden encontrarse en nuestro mundo." (cf. Parménides 134b).
Por desgracia, pocos filósofos y teólogos fueron, son sensibles a los horizontes de trascendencia y de esperanzas, apuntalados por este presentimiento rico de modernidad.
En cuanto a los científicos, poco numerosos son los que intentaron, quiénes intentan integrar la eternidad en sus teorías, convencidos, funesta deriva del entendimiento, que el universo es regido por leyes y principios.
Hasta se satisfacen con la teoría famosa del Big-Bang según la cual la realidad habría surgido del nil despues de una explosión original.
Pero el análisis de los procesos de fabricación de ciertos núcleos atómicos (se trata de la nucleosíntesis que necesita temperaturas de mil millones de grados), únicamente permite concluir que en el cosmos hubo, hay muy importantes explosiones,
de explosiones que inducen una radiación denominada cósmica de fondo.
Por otra parte, esta radiación no es isótropa, contrariamente a lo que es comúnmente dicho, confirmando así nuestra comprensión :
en el universo, de toda eternidad, hubo, hay, habrá varios Bangs.
Observemos a propósito de eso que ciertos científicos comienzan a "olfatear" un segundo Big-Bang ; éste sería posible según el análisis de la no homogeneidad de la radiación cósmica de fondo, puesta en evidencia por ambos investigadores americanos, John C. Mather et George F. Smoot (Premio Nobel de Física 2006), con la ayuda del satélite Cobe,
una no homogeneidad que muestra que esta radiación proviene de varias direcciones con, lo parece, la misma intensidad.
¿ Pero entonces, por qué solamente dos Bangs y no más ?
¡ Difícil es verdad, para los físicos de denegar la famosa teoría del Big-Bang !
Sin embargo, las temperaturas extremas precitadas molestan mucho a los físicos hasta tal punto que algunos no vacilan en imaginar una fusión del tiempo en el espacio (la absorción del tiempo por el espacio).
Según Stephen Hawking, por ejemplo :
"Es posible que bajo ciertas condiciones … el espacio y el tiempo pierdan lo que continuaba distinguiéndolos - podríamos decir que el tiempo se hace espacio - y entonces es más exacto de hablar, no del espacio-tiempo, pero de un espacio de cuatro dimensiones.
Los cálculos sugieren que este estado de cosas no se puede evitar si consideramos la geometría del universo en el curso de la primera minúscula fracción de segundo ...
Podríamos decir que las condiciones a los límites del universo son justamente que no hay límite. Si el espacio-tiempo es efectivamente infinito, sin límite o borde, esto tiene consecuencias filosóficas importantes. Esto querría decir que podemos describir el universo por medio de un instrumento matemático que totalmente habrá sido determinado por las leyes de la ciencia sola. Todavía no conocemos la forma precisa de las leyes : por el momento, tenemos algunas leyes parciales que gobiernan el comportamiento del universo …. (cf. La nueva física).
Evidentemente, no dejaremos de repetirlo, las leyes, parciales o universales, no reconocen, no escogen, no deciden, …, no gobiernan ; ¡ son las formalizaciones (expresiones) de comportamientos inmutables !
En cuanto al Bang, aunque Big, no podemos concebirlo como causa primordiale en un cyber-mundo donde el "sentido" esta omnipresente ; si hay en el universo, el respeto de duraciones, hay también sin interrupción, una entidad creadora, de orden trascendente, ipso facto de carácter divino, que las juzga y utiliza.
Guardemosnos pues de las numerosas aserciones, atrevamos decirlo, humosas, que expresen una comprensión arcaica del tiempo :
el tiempo comenzó con el Big-Bang y se terminará con un Big-Crunch, ... , las singularidades cósmicas como los agujeros negros no conocen el tiempo, ….
El tiempo es una potencialidad misteriosa que, después su actualización (su materialización) en duraciones, permite de "inscribir" las evoluciones del universo en cronologías rigurosas ; de por su naturaleza trascendente, no tuvo comienzo y no tendrá fin.
Además, no somos sorprendidos por su dicotomía expresada por :
- el "tiempo real" (actualizado, materializado) que puede ser medido por aparatos o que puede ser simbolizado por ecuaciones,
- el "tiempo potencial" que puede estar asociado con todo estado de la realidad o con toda estructura abstracta (por ejemplo, las estamperías, conceptos, ideas que están en el dominio del abstracción),
y, refutamos la aserción según la cual el tiempo está solamente en nosotros y para nosotros.
¡ Kant, nos excusará !
Paul Moyne
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