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Citemos algunos hechos históricos que confirmen nuestro discurso.
Convencido que el Cristo no tiene alma humana sino es directamente animado por el "logos" (por la Palabra) y observando que el "logos" sufre todas las pasiones humanas, Arius (250 - 336), educado en la escuela de Lucien d'Antioche, condenado al concilio de Nicée (325), concluía que la Palabra no podía ser de la naturaleza (esencia) de Dios.
Expresado de otro modo, según el "arianisme" no hay unidad de sustancia entre el Padre y el Hijo, entre Dios omnipotente y la Palabra que fue hecha hombre.
Esta doctrina y su argumentación dependen, desde luego, de un raciocinio lógico.
Santo Thomás lo reconoció implícitamente :
"Arius supuso que el Cristo no había tenido alma, que el Cristo solamente había tenido un cuerpo para cual la divinidad fue el alma. Estaba por una especie de necesidad que Arius ha sido conducido a esta suposición que quiere afirmar que el Hijo de Dios es una criatura inferior al Padre ; escogió para demostrarlo, textos de la Escritura que subrayan la inferioridad." (cf. Suma contra Gentiles, capítulo 32).
Podríamos además, citar Nestorius (380 - 451) que propuso ver en el Cristo la conjunción de dos personas completas, una proposición también analizada en "Suma contra Gentiles" :
"Según esta posición, la Palabra de Dios ha sido unida a este hombre solamente debido a una gracia, y si la Palabra de Dios habita a este hombre, esto no es para la Palabra de Dios de encarnarse, porque Dios se habría estado encarnado muy a menudo desde la creación del mundo.".
Tantos discursos que muestran que la fe de los teólogos cristianos (de todos los teólogos) ,
más precisamente, que las expresiones de esta fe, fueron el objeto de intercambios de conceptos y de "justas" intelectuales con numerosas lógicas de análisis.
¡ Es así para toda fe !
Queda sin embargo, que la fe se revela representativa de un llamamiento interiorizado que depende del Divino, a ejemplo de las imperiosas incitaciones que nos conducen a laborar para saber, y a investigar para saber más,
de las imperiosas incitaciones que la educación y los experimentos de la vida pueden moderar, incluso aniquilar.
Estamos pues, mucho alejados de la comprensión thomiste, incluso común, de la fe :
un "don" de Dios-Mismo a algunos hombres.
Asi, la fe, más exactamente las expresiones de la fe, como de todas creencias, son los frutos de actividades de orden trascendente, semejantes a las actividades necesarias a todo entendimiento del mundo.
Es para eso que por ejemplo, las actividades intelectuales de creación que permiten el desarrollo de las ciencias, en su naturaleza : divina, no difieren de las que conducen a expresar la religiosidad con de los dogmas y de los ritos.
Más generalmente, la " dinámica de la fe ", la " inteligencia de la fe ", la " dinámica de la vida " y la " dinámica del universo " necesitan dos órdenes de actividades : físico y trascendente,
incluso, son de los hechos esenciales que deberían conducir a los teólogos a reconocer la implicación permanente del Divino, no sólo en el hombre, no sólo en todo ser, sino que también, en todo estado de la materia.
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Santo Thomás también, meditó a proposito del impacto del raciocinio (según él, de la razón) en las expresiones de la fe, intentando responder a dos interrogaciones :
- ¿ en cuáles límites y cómo la razón puede participar en la fe ?,
- ¿ hace falta y cómo establecer una continuidad entre las reflexiones sobre Dios, el hombre, la moral, los sacramentos ? (cf. Suma contra Gentiles - 1259/1264, Suma teológica - 1267/1274).
Por desgracia, como san Agustin :
" … Si pues es razonable que, para llegar a alturas que todavía no podemos alcanzar, la fe preceda la razón, es evidente que esta misma razón tal como ella nos persuada esto, preceda la fe. " (cf. san Agustin - Carta a Consentius 120-222, 3),
imaginó la razón como un operador (creador) dotado de poderes y consideró el universo conducido por leyes preestablecidas.
Errores funestos, jamás lo repetiremos bastante,
las leyes universales son solamente expresiones de comportamientos inmutables y asi, desde luego, ellas no tienen el poder de reconocer, de juzgar, ..., de decidir y de actuar.
Asimismo, la razón no es un operador susceptible de reconocer, de escoger, …, de persuadir ; es pues preferible para evitar toda ambigüedad, de hablar o sea de raciocinios, o sea de actividades razonadas (de actos razonados).
En cuanto a las lógicas, son las expresiones singulares de vínculos trascendentes,
particularmente, los que permiten asegurar la coherencia de las estamperías virtuales, de los conceptos, de las ideas, ..., que "amueblan" el dominio (el campo) de la abstracción.
Así, las lógicas siendo asociadas con las verdades relativas y suficientes del momento, comprendemos mejor por qué lo que es lógico y verdad hoy, puede no ser lógico y verdad mañana.
Además, a propósito de las interacciones permanentes entre la fe y el raciocinio, parafraseamos de buena gana a Descartes :
"Siempre consideré que estas dos cuestiones, de Dios y del alma, eran las principales de las que deben ser demostradas más bien por las razones de las ciencias y de la filosofía que por las razones de la teología : porque aunque por la fe creemos que hay un Dios, y que el alma humana no muere con el cuerpo, ciertamente no parece posible poder jamás, persuadir a los infieles, ni alguna religión, ni alguna virtud moral, si primero no justificamos estas dos cosas por raciocinio natural …
parece que seamos informados que todo lo que podemos saber a proposito de Dios puede ser mostrado por razones que no es necesario de buscar en otro lugar que en nosotros mismo y que nuestro espíritu es capaz de darnos a pensar." ( Inspirado de un texto de las Meditaciones metafísicas, Prefacio).
De los hechos esenciales que hacen obsoletos numerosos discursos ; acordemosnos de Hegel que veía en la lógica " el Pensamiento que piensa a ella", y de Auguste Comte que creía en el advenimiento de la razón positiva,
de los hechos esenciales que siempre son ignorados !
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