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Fe y razón, razón y fe,..., pensamiento
"Parménides: Uno se vuelve más joven que las otras cosas, porque pareció ser más viejo y haber nacido anteriormente, mientras que las otras cosas se vuelven más viejas que Uno, porque su nacimiento es posterior. Y, en virtud del mismo raciocinio, las otras cosas se comportan con respecto a Uno, en la medida precisamente donde parecieron más vieja que el Uno, es decir nacidas anteriormente.
Joven Aristóteles : Aparece bien, en estas condiciones que esto es así ….
Parménides: según todo este raciocinio pues, Uno es, y se hace más viejo y más joven que Él mismo y que las otras cosas, y Uno no esta y no se vuelve más viejo, ni más joven que Él mismo y que las otras cosas.
Joven Aristóteles : Es absolutamente exacto.
Parménides : Entonces, ya que Uno es maestro del tiempo porque tiene la propiedad de hacerse más viejo y más joven ¿ no es necesario que sea del pasado, del futuro y del momento presente ?
Joven Aristóteles : Una necesidad.
Parménides : Y de él, evidentemente, habrá ciencia, opinión y sensación, ya que nosotros ejerzamos actualmente a su sujeto todas estas actividades.
Joven Aristóteles : Lo que dices es justo." (cf. Platón – Parménides, 155 a, c, d).
¡ Sí, es así, no hay creencia sin raciocinio, y raciocinio sin creencia !
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Unos cinco siglos antes de nuestra era, Grecia fue el teatro de nuevos conceptos que dieron origen a la física y a la filosofía.
Sin embargo, este "parto" no estuvo sin dificultades ya que puso en marcha una "guerra de las ideas y de los hombres, a propósito de las causas primordiales" que perdura desde hace más de dos mil años.
Por suerte, al principio de este tercer milenario, el ancestral concepto griego : logos (Héraclite - 55o, - 480), parece particularmente realista ; en efecto, hoy somos conducidos a reconocer el rol primordial del sentido (particularmente de la palabra, …, de las organizaciones de procesos con efectos biológicos y de las informaciones) en la conducta del fenómeno de la vida y, ipso facto, del universo esta inconmensurable obra para siempre inconclusa.
In principio erat Verbum … En el principio era la palabra … (Jn 1, 1) !
A la realidad temporal, son también implicadas (asociadas), de las actividades misteriosas de orden (naturaleza) trascendente,
un hecho esencial que debería permitir establecer una tolerancia razonada entre los hombres.
¿ Esto no es indispensable en este período de desesperanza y crisis que la humanidad conoce en nuestros días ?
Desde luego, para esto únicamente no basta reunirse y orar ; conviene laborar al ejemplo de las búsquedas incesantes de la novedad que hay en nuestras células.
Asi, guardemosnos de la palabra de santo Thomás :
" Vita contemplativa simpliciter melior es quam vita aceleró " - la vida contemplativa es la más esencial que la vida activa - (cf. Summa theologica),
Esta palabra no tiene justificación científica y razonable.
San Agustin que privilegiaba " inquisitio, aut inventio veritatis: ut in ea quisque proficiat ",
es decir que privilegiaba la encuesta o el descubrimiento de la verdad, para que cada uno tiene provecho de eso (cf. De civitate Dei - XIX, 19),
fue más realista.
Repitamosnos, somos todos,
y los centros de actividades interiorizadas de creación, no sólo indispensables para nuestro desarrollo, pero también, necesarias a la perennidad del fenómeno de la vida,
y sin cesar reconstruidos por la renovación (el cambio) permanente de nuestras células y por intercambios ininterrumpidos de partículas cósmicas.
¡ La creación y las creencias y búsquedas de conocimientos que necesita, son pues actos esenciales !
Desde entonces, comprendemos mejor la interdependencia de la fe y de los actos razonados (del raciocinio), y vice-versa.
Observe que no hablamos de la razón ; ¡ empleamos la expresión " actos razonados ", porque la razón no es un operador (un creador), no más que la conciencia o el pensamiento por otra parte !
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Insistamos más.
La fe, el fruto de pressentiments y incitaciones abstractas, no puede ser estructurada y exteriorizada sin actos de razón, más precisamente, no puede ser estructurada y exteriorizada sin de las actividades de orden trascendente reconocidas como actos de razón (como actos razonados).
Por desgracia todavía hoy, es debatido del monoteísmo solamente refiriéndose a los acontecimientos y a los hombres de su historia (profetas, santos, martirios, teólogos) poco a propósito del realismo (o del no realismo) de sus dogmas.
¿ Sin embargo, no es el realismo, no es la adecuación de sus dogmas con nuestro conocimiento de la dinámica evolutiva del mundo, que da credibilidad a las esperanzas post-mortem del monoteísmo ?
A decir verdad, este problema constantemente fue eludido, los teólogos, a menudo llenados de suficiencia, han sin interrupción, sacralizado la fe como si ella estaba una gracia especifica de Dios, que no necesita actos de razón.
Pero no es así ; la fe presupone no solamente entendimientos concientes con sus lógicas, pero también entendimientos interiorizados (innatos).
Además, al nivel conciente, estos entendimientos, enriquecidos por de las verdades de épocas y de civilizaciones, son evolutivos.
¡ No cabe duda pues, la fe presupone comprensiones, la fe no puede ser disociada raciocinios lógicos, o no lógicos !
Dios no puede cambiar este hecho; es el Divino que por nosotros actúa, reconociéndose en el yo (ego, mí, espíritu).
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